sábado, 11 de abril de 2009

en las peñas , la madrugada cae

Ya era casi de madrugada y todos se habían ido de la fiesta. Aún se veían los restos de comida que lentamente eran arrastrados hacia el mar. Un alma perdida surgía de los acantilados. Caminaba como confundido con los cabellos húmedos, depués de una batalla fallida, sus ojos no se encontraban en si y de vez en cuando su mirada se iba al mar, como si allí viera su pasado.

El olor lo atraía cada vez más cerca a las blancas puntas del mar, y entre sus pensamientos las olas se abalanzaban hacia él.
-¡Corran, las olas quieren ahogarnos!- gritaba en su incoherencia a gente inexistente
-¿Porque no se mueven? – seguía insistiendo a las higueras.

Con lágrimas ásperas un tanto amargas, corría hacia su fin. Sus pies muertos suspiraban en agonía y mientras las heladas aguas lo iban arrastrando bruscamente, él se iba alejando lentamente de la playa.
- ¡No déjenme, no me cojan los pies! – confundía la dirección del mar y se iba adentrando más y más hacia este.
Su llanto se hacia oír en el alba y después de varios intentos vanos por salir a un mundo donde no pertenecía los tragos salados empezaron a surgir corolario y pronto su mirada se fue mezclando con el horizonte.

Su último intento por librarse de esos brazos azules, fríos grandes, lo aferraron más aún y lo dejaron en la nada, donde empezó pero esta vez sin un corazón latiente.

No hay comentarios:

Publicar un comentario